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“Es fundamental reeducar lo que comemos y cómo lo comemos”

ENTREVISTA A ESTHER VIVAS

La periodista e investigadora publica ‘El negocio de la comida’, un libro que bucea en las entrañas de nuestra alimentación para denunciar los perjuicios derivados de un sistema que produce contaminación, pobreza, hambre, desigualdad y enfermedades

 

Llenar la nevera, más allá de calmar estómagos, puede resultar a veces un práctico ejercicio para remover consciencias. Esta es en parte la sensación que queda después de leer ‘El negocio de la comida’ (Icaria, 2014), un exhaustivo ensayo de la periodista e investigadora Esther Vivas, que desgrana una a una las devastadoras y en la mayoría de casos ignoradas consecuencias de nuestros hábitos de alimentación. Desde la especulación en el precio de los alimentos básicos como el trigo o el arroz, hasta las condiciones laborales de las agricultoras… un recorrido de la tierra al plato por el que la autora denuncia los impactos que el sistema del agronegocio tiene sobre la sociedad, la economía, la salud, el medio ambiente, la igualdad o la pobreza, y en el que, pese al panorama desesperanzador, se exponen modelos de alternativas viables.

En ‘El negocio de la comida’ denuncia todas las consecuencias que arrastra un sencillo alimento. Después de leerlo da la sensación de que uno no puede salir a comprar sin contribuir a empobrecer ciertos países, contaminar el medio ambiente, enriquecer a especuladores o enfermarse… ¿De verdad es posible un consumo de alimentos responsable?

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Artículo completo:

http://www.publico.es/actualidad/557007/es-fundamental-reeducar-lo-que-comemos-y-como-lo-comemos

¿Quién tiene miedo de la agricultura ecológica? (II)

La agricultura ecológica ha despertado en los últimos tiempos las más variadas “iras”, siendo objeto de todo tipo de calumnias. Su éxito y múltiples apoyos han sido proporcionales a las críticas recibidas. Sin embargo, ¿quién tiene miedo de la agricultura ecológica? ¿Por qué tanto esfuerzo en desautorizarla?

Todas estas preguntas fueron formuladas en un artículo anterior, donde analizábamos las mentiras detrás de afirmaciones como “la agricultura ecológica no es más sana ni mejor para el medio ambiente que la agricultura industrial y transgénica”. Hoy, abordaremos otras en relación a su eficiencia, el precio y la falsa alternativa que significa una “agricultura ecológica” al servicio de las grandes empresas. Como decíamos entonces: ante la calumnia, datos e información.

De la eficiencia y el precio

“La agricultura ecológica es poco eficiente y cara”, dicen sus detractores. Quienes realizan esta afirmación olvidan que es precisamente el actual modelo de agricultura industrial el que desperdicia anualmente un tercio de los alimentos que se producen para consumo humano a escala mundial, unos 1.300 millones de toneladas de comida, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Se trata de una agricultura de “usar y tirar”. En consecuencia, ¿quién es aquí el ineficiente? Aunque, más allá de estas cifras, es obvio que el actual modelo de agricultura industrial, intensiva y transgénica no satisface las necesidades alimentarias básicas de las personas. El hambre, en un mundo donde se produce más comida que nunca, es el mejor ejemplo, tanto en los países del Sur como aquí.

Por su parte, la agricultura ecológica y de proximidad se ha demostrado que garantiza mejor la seguridad alimentaria de las personas que la agricultura industrial y permite una mayor producción de comida especialmente en entornos desfavorables, en palabras del relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación Olivier de Schutter, apoyándose en su informe La agroecología y el derecho a la alimentación. A partir de los datos expuestos en este trabajo, la reconversión de tierras en países del Sur a cultivo ecológico aumentaba su productividad hasta un 79%, en África, en particular, la reconversión permitía un aumento del 116% de las cosechas. Las cifras hablan por sí solas.

Si hablamos del precio, y sobre todo lo comparamos con la calidad, una vez más la agricultura ecológica sale en mejor posición. Tal vez no lo parezca a primera vista, porqué hay un discurso único, que se repite y se repite y se repite, que nos dice que lo ecológico es siempre más caro. Sin embargo, no es así. A menudo depende de dónde y qué compremos. No es lo mismo comprar en un supermercado ecológico o en una tienda ‘gourmet’ que comprar directamente al campesino, en el mercado o a través de un grupo o cooperativa de consumo agroecológico, en los primeros los precios acostumbran a ser mucho más caros que en los segundos, donde su coste puede ser igual o incluso inferior que en el comercio tradicional por un producto de la misma calidad.

A parte, nos tendríamos que preguntar cómo puede ser que determinados productos o alimentos en el supermercado sean tan baratos. ¿Estamos pagando su precio real? ¿Cuál es su calidad? ¿En qué condiciones han sido elaborados? ¿Cuántos kilómetros han recorrido del campo a la mesa? A menudo, un precio muy bajo esconde una serie de costes invisibles: condiciones laborales precarias en origen y destino, mala calidad del producto, impacto medioambiental, etc. Se trata de una serie de gastos ocultos que acabamos socializando entre todos, porqué si la comida recorre largas distancias y agudiza el cambio climático, con la emisión de gases de efecto invernadero, ¿esto quién lo paga? Si comemos alimentos de baja calidad que tienen un impacto negativo en nuestra salud, ¿quién lo costea? En definitiva, como dice el refrán: Pan para hoy y hambre para mañana.

Y no solo eso, ¿cuándo entramos en el ‘súper’, qué compramos? Se calcula que entre un 25% y un 55% de la compra en el supermercado es compulsiva, fruto de estímulos externos que nos instan a comprar al margen de cualquier raciocinio. ¿Cuantas veces hemos ido al supermercado a comprar cuatro cosas y hemos salido con el carrito a reventar? El supermercado es una máquina de vender, no nos quepa la menor duda, uno de los espacios más estudiados de nuestra vida cotidiana, para que nuestra compra nunca quede al azar.

Otra afirmación mil veces repetida es la que dice que “la agricultura ecológica es solo para ricos”, o si quien habla busca el insulto, algo frecuente entre el sector “antiecológico”, nos dirá que “la agricultura ecológica es solo para pijos”. Ya sea en un caso como en otro, quienes afirman dichas palabras, les bien aseguro, que nunca han puesto un pie en un grupo o cooperativa de consumo agroecológico porque sus miembros, en general, pueden ser calificados con mucho adjetivos, pero de “ricos” y “pijos” tienen más bien poco. Se trata de personas que apuestan por otro modelo de agricultura y alimentación, a partir de informarse, tomar conciencia, buscar datos contrastados sobre los impactos de aquello que comemos en nuestra salud, en el medio ambiente, entre el campesinado. En esta vida nos “instruyen” para pensar que “gastamos” dinero en comida, pero ¿se trata de “gastar” o “invertir”? La educación es clave. De aquí, que sea fundamental hacer llegar los principios, y las verdades, de la agricultura ecológica al conjunto de la población. Comer bien, y tener derecho a comer bien, es cosa de todos.

Una “agricultura ecológica” al servicio del capital

“La agricultura ecológica no tiene fines sociales y agudiza la huella de carbono”, dicen sus detractores. Aquí la pregunta clave es, ¿de qué agricultura ecológica estamos hablando? Como decíamos en el artículo anterior, una de las amenazas a la agricultura ecológica es precisamente su cooptación, la asimilación de su práctica por parte de la industria agroalimentaria. Y es que cada vez son más las grandes empresas del agribusiness y los supermercados que apuestan por este modelo de agricultura libre de pesticidas y aditivos químicos de síntesis, pero vaciándola de cualquier atisbo de cambio social. Su objetivo es claro: neutralizar la propuesta. Se trata de una “agricultura ecológica” al servicio del capital, con alimentos kilométricos, escasos derechos laborales en la producción y la comercialización. Ésta no es la alternativa de quienes apostamos por un cambio en el modelo agroalimentario. La agricultura ecológica, a mi entender, solo tiene sentido desde una perspectiva social, local y campesina, como han defendido siempre la mayoría de sus impulsores.

Por otro lado, me sorprende que los detractores de la agricultura ecológica se preocupen tanto por la huella de carbono y el impacto de los gases de efecto invernadero en el medio ambiente, cuando su apuesta por una agricultura industrial es precisamente una de las principales responsables de los mismos. Según el informe Alimentos y cambio climático: el eslabón olvidado de GRAIN, entre el 44% y el 55% de los gases de efecto invernadero son provocados justamente por el conjunto del sistema agroalimentario global, como consecuencia de sumar las emisiones provocadas por el cambio en el uso del suelo y la deforestación; la producción agrícola; el procesamiento, el transporte y el empaquetado de los alimentos; y los desperdicios generados. Si a los críticos de la agroecología tanto les inquieta el cambio climático, les sugeriría que apostaran por una agricultura ecológica, local y campesina.

¿Quién impone qué?

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Artículo completo:

http://esthervivas.com/2014/07/14/quien-tiene-miedo-de-la-agricultura-ecologica-ii/

De la comida basura a los alimentos ‘milagro’

Esther Vivas

Vivimos obsesionados por comer bien y nunca antes habíamos comido tan mal. Los estantes de los supermercados están repletos de patatas fritas, bebidas azucaradas, chocolates, congelados, conservas, bollería. Nos venden una gran variedad de comida desnaturalizada, procesada, con un “max mix” de aditivos varios, que tiene un impacto negativo en nuestra salud. Sin embargo, los mismos que con una mano comercializan dichos productos con la otra nos ofrecen alimentos funcionales, “milagrosos”, para combatir precisamente los efectos perniciosos de este tipo de alimentación “moderna”. El negocio está servido.

Enfermos y gordos

La “dieta occidental”, como señala el periodista Michael Pollan en su bestseller ‘El detective en el supermercado’, es responsable de muchas de nuestras enfermedades. “Cuatro de las diez primeras causas de mortalidad hoy día son enfermedades crónicas cuya conexión con la dieta está comprobada: cardiopatía coronaria, diabetes, infarto y cáncer”, afirma. Una “dieta occidental”, con muchos alimentos procesados, mucha carne, mucha grasa y mucho azúcar añadido, que nos enferma y engorda. A principios del siglo XX, como señala Pollan, un grupo de médicos observó que donde la gente abandonaba su forma tradicional de comer y adoptaba la “dieta occidental”, pronto aparecían enfermedades como la obesidad, la diabetes, los problemas cardiovasculares y el cáncer, que se bautizaron como “enfermedades occidentales”.

…, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad es responsable, en todo el mundo, de 3,4 millones de muertes al año.

Estados Unidos es el máximo exponente de esta deriva: un 75% de los estadounidenses tiene sobrepeso o son obesos, un 25% padece síndrome metabólico, … entre un 4% y un 8% de la población adulta tiene diabetes tipo 2, según recoge la obra ‘El detective en el supermercado’. Leer más

Curso en Madrid: ¿Quién decide qué comemos?

El sistema agrícola y alimentario no funciona. Vivimos en un mundo que condena a millones de personas al hambre mientras diariamente se tiran toneladas de comida, que hace desaparecer al campesinado, que acaba con la diversidad agrícola y que, además, nos enferma. ¿Quién sale ganando con este modelo? ¿Quiénes pierden? ¿Qué podemos hacer?

En este curso queremos analizar el lado oscuro del actual modelo de producción, distribución y consumo de alimentos. Y plantear las alternativas existentes en el marco de la soberanía alimentaria, el comercio justo y el consumo crítico.

Imparte el curso: Esther Vivas, investigadora en políticas agrícolas y alimentarias. Apoya: FUHEM.

Fecha: sábado, 24 de mayo. Horario: 9.30h a 14h15.30h a 19.30h

Matrícula: 40€

Más información (programa e inscripciones) aquí.

Info:

http://esthervivas.com/intern/curso-en-madrid-quien-decide-que-comemos/

“El mundo al revés: se subvenciona la agroindustria y se tasa la agricultura ecológica”

Centro de Estudios Ambientales Ítaca

¿Qué esconde el modelo agrícola y alimentario? ¿Qué podemos hacer? Esther Vivas lo explicó en detalle en esta charla en el Centro de Estudios Ambientales Ítaca en Andorra (Teruel) el pasado 12 de febrero ante un nutrido auditorio.

Escuchar el audio de la conferencia aquí.

Escuchar el audio del debate con el público aquí.

 

De: http://esthervivas.com/2014/02/20/el-mundo-al-reves-se-subvenciona-la-agroindustria-y-se-tasa-la-certificacion-ecologica/

¿Comer ecológico es más caro?. Comida ecológica en tiempos de crisis

A menudo asociamos comer ecológico con comer caro. Y en tiempos de recortes pensamos que no podemos gastar tanto dinero en alimentación. De hecho, se calcula que un 41% de las familias en el Estado español han modificado sus hábitos de consumo como consecuencia de la crisis, con el objetivo de ahorrar, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Pero los alimentos ecológicos y de calidad no tienen porque ser necesariamente caros. Hay opciones para poder comprar ecológico y a buen precio: alimentos de temporada, de proximidad, compra directa, mercados locales, grupos y cooperativas de consumo… Son alternativas que nos permitirán comer bien y a precios asequibles.

Nos hemos acostumbrado a que, si queremos, podemos comprar nectarinas, uvas, fresas, melón… todo el año. Ya no sabemos si los tomates o las naranjas son cultivos de temporada o no. Hemos desaprendido los ritmos de producción de la tierra y nos hemos alejado del trabajo en el campo. Comprar productos que no son de temporada hace que acabemos pagando más por lo que comemos y obtengamos, además, un producto de peor calidad. Hay que volver a aprender a alimentarnos con frutos de temporada. Que se explique en las escuelas cuando es el tiempo de las cerezas, cuando los árboles dan higos, cuando encontramos granadas en la huerta. Comprar alimentos ecológicos y de temporada nos permitirá comer bien y a un precio que no resultará caro.

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